Uruguay enfrenta un desafío estructural que no admite más postergaciones: el despoblamiento del interior. Durante años vimos cómo miles de jóvenes se fueron, no por elección, sino por falta de oportunidades. Y cuando un joven se va, el territorio pierde mucho más que población: pierde futuro.
Hoy empezamos a ver señales de cambio. El gobierno ha dado pasos concretos con una política que pone en el centro el empleo y la inclusión. La nueva Ley Integral de Empleo, impulsada por el gobierno de Yamandú Orsi y presentada junto al ministro Juan Castillo, propone una inversión anual de 10 millones de dólares para promover oportunidades laborales, con foco en jóvenes, mujeres jefas de hogar y sectores vulnerables .
Tuve la oportunidad de intercambiar recientemente con el ministro Juan Castillo sobre estos avances, y hay una convicción clara: el empleo juvenil, especialmente en el interior del país, tiene que ser una prioridad real y sostenida en el tiempo.
Pero lo más relevante no es solo el monto. Es el enfoque.
Por primera vez se plantea una política que deja de pensar en modalidades abstractas de contratación y se enfoca en las personas. Jóvenes de entre 15 y 29 años, muchos de ellos del interior profundo, pasan a ser prioridad. Y eso importa.
Los instrumentos son concretos: subsidios al empleo que pueden cubrir entre el 25% y el 80% del salario, según la situación de vulnerabilidad . Esto no es menor. Significa que el Estado comparte el riesgo con el sector privado para que contratar jóvenes deje de ser una apuesta incierta y pase a ser una oportunidad.
También se incluyen incentivos específicos para emprendimientos jóvenes, con subsidios de hasta el 50% de los aportes patronales en iniciativas lideradas por personas de estos colectivos . Es decir, no solo se promueve el empleo: se promueve la capacidad de crear trabajo desde el territorio.
Y hay otro punto clave: la formación. Quienes accedan a estos programas tendrán prioridad en cursos de INEFOP, certificación de competencias y finalización de estudios . Esto es central. Porque el desarrollo del interior no puede basarse solo en empleo de baja calificación; necesita jóvenes formados, preparados para los desafíos del presente y del futuro.
Además, se fortalece el programa “Yo Estudio y Trabajo”, se establecen cuotas en el sector público para garantizar acceso real a pasantías y becas, y se incorporan criterios de equidad para mujeres, personas afrodescendientes, con discapacidad y jóvenes en situación de vulnerabilidad.Todo esto configura una base sólida. Pero no alcanza si no damos el siguiente paso.
Porque repoblar el interior no es solo generar empleo: es generar condiciones de vida. Es asegurar que un joven pueda estudiar, trabajar, emprender y proyectarse sin tener que irse.
Por eso necesitamos complementar estas medidas con una estrategia territorial clara:
Descentralizar la formación técnica y universitaria, vinculándola a las realidades productivas de cada departamento.
Impulsar polos de desarrollo regional en sectores como agroindustria, turismo, economía digital y energías renovables.
Fortalecer la conectividad y la infraestructura para que trabajar desde el interior sea una opción real.
Y, sobre todo, generar comunidad: vivienda, cultura, deporte y espacios de participación.
El interior no necesita discursos. Necesita oportunidades.
Hoy tenemos herramientas concretas sobre la mesa. Si logramos implementarlas con inteligencia y enfoque territorial, podemos cambiar una tendencia de décadas.
Repoblar el interior no es una consigna. Es una decisión política.
Y es, también, una apuesta por un Uruguay más justo, más equilibrado y con futuro.
